Cómo me volví vegano (y luego sano), by Cristian de @lapastanoengorda

Cómo me volví vegano (y luego sano), by Cristian de @lapastanoengorda
Holi! ¿Qué tal estás?
Como seguramente te preguntes quién soy, pues me presento. Soy Cristian, embajador de Komvida y defensor del mamarracheo por bandera. Me verás invadir este blog de vez en cuando para contarte cositas. Espero que te resulten interesantes y que aprendas sin darte cuenta mientras te echas unas risas.
Soy vegano. No soy de esos veganos que empieza presentándose como vegano y diciendo el número de años que llevo para hacerme el chulo, pero en este caso sí tiene sentido que lo haga por la historia que voy a contarte.
Nos educan que comer animales está bien, pero yo recuerdo de pequeño que algo me rechinaba en todo este tema, sobre todo cuando luego veía a los animales que íbamos a comernos moverse. Seguro que tienes una historia similar: el pavo en casa de tu abuela, el conejo que te gustaba y que al día siguiente estaba en la paella, ya sabes. A los 16/17 decidí que no iba a comer más animales y así fue. No veas qué alivio para mi conciencia.
En aquellos tiempos, la información no volaba tanto como ahora. Los libros de recetas vegetarianas eran un poco truño. Las fotos de los blogs que había en aquel momento te daban más ganas de denunciar a la persona que las había hecho por daños antiestéticos que por hacerlas. Total, que con la poca información que tenía, decidí que podía alimentarme a base de humus y sobres de pasta preparados.
Arroz con champiñones al vino, pasta al pesto prefabricada, pan rico con tomate, hamburguesas de las que venían preparadas y estaban malísimas. Esa era mi alimentación y con el tiempo acabó pasando factura. Me encontraba cansado y sin energía (a día de hoy no me extraña que fuera en modo zombie con lo mal que comía).
Por casualidad, di con un vídeo en YouTube de dos mamarrachas que decían que la avena tenía propiedades calmantes y eso despertó en mí algo. Pensaba que comíamos para llenar la tripa y no tener hambre, no para alimentarnos como tal. Me puse a leer blogs de nutrición, entendí que hay que comer legumbres, verduras, frutas, cereales, semillas y frutos secos. Dicho así suena fatal, pero con un poco de arte puedes hacer cosas increíbles. En aquellos tiempos (léase con voz carrasposa de señora mayor) era todo muy difícil de encontrar y evidentemente, carísimo.
Me tumbaba en la cama y leía cosas aburridísimas de nutrición que a mí me divertían. Tomaba apuntes y entendía que comer bien, además de poder cambiarme la vida a largo plazo, también era una forma de quererme y cuidarme. Quererse es muy importante.
Todas las semanas, mi culito inquieto y yo nos íbamos a alguna tienda ecológica a gastarnos 20 euros comprando 4 cosas. Ahora esas cosas son súper accesibles (hablo de mungo, trigo sarraceno y semillas de chía, no te creas que hablo de raíces de Harry Potter ni mucho menos).
Siempre me ha gustado cocinar pero ahí empezó a gustarme más, era como empezar de cero. Deconstruir las cosas que me había enseñado mi madre y entender cómo funcionaban esas cosas que compraba. Evidentemente nada sale bien a la primera: hamburguesas de piedra, cosas con sabores y texturas indescriptibles que no sabes qué hacer con ellas. Si te pasan estas cosas te daré un tip que te va a cambiar la vida: orégano.
He estado muchos años cocinando y experimentando, de hecho acabé estudiando Herbodietética, donde asenté los conocimientos que había ido leyendo en libros random y entendí que no solamente consistía en comer bien y rico, sino que los fermentados también eran algo imprescindible en nuestra alimentación.
No sé si sabes que alrededor de un kilo y medio de nuestro peso son bacterias. Pues sí tía, las bacterias intestinales son muy importantes para la vida, el intestino está conectado directamente con el cerebro, nacen de las mismas células madre y funcionan de manera bidireccional ¿Nunca te ha pasado que te pasa algo malo y de repente te duele la tripa? Pues es por eso.
Comer muchas frutas y verduras es importante, comer variado, de proximidad y añadir cosas fermentadas a diario. Komvida es una manera genial de hacerlo y además sabe genial, te cuidarás sin darte cuenta si quiera y disfrutando a tope ❤

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