Hay días en los que terminamos de comer y casi no recordamos qué había en el plato. Hemos contestado mensajes, mirado el ordenador, pensado en la siguiente reunión y, mientras tanto, la comida ha desaparecido. Precisamente de ahí parte una idea que cada vez me interesa más: prestar atención de verdad al momento de comer.
El mindful eating consiste en comer con atención plena, observando el hambre, la saciedad, los sabores, los aromas, las texturas y las sensaciones que aparecen durante la comida. Esta alimentación consciente busca reducir el piloto automático y prestar atención tanto a lo que comemos como a lo que bebemos, por ejemplo una kombucha.
No se trata de seguir una dieta concreta ni de convertir cada comida en un ejercicio de meditación. Para mí, el mindful eating es mucho más sencillo: sentarte, bajar un poco el ritmo y volver a disfrutar de algo que hacemos varias veces cada día.
Y aquí las bebidas también tienen mucho que decir. Una de las formas más fáciles de empezar a comer con conciencia es precisamente detenerte en algo tan cotidiano como un vaso, una taza o una Komvida y prestar atención a lo que estás tomando.
¿Qué es el mindful eating?
El término mindful eating podría traducirse como alimentación consciente o alimentación con atención plena.
Parte de los principios del mindfulness aplicados al momento de comer. En lugar de hacerlo automáticamente mientras pensamos en otra cosa, ponemos la atención en la experiencia: qué hambre tenemos antes de empezar, cómo sabe la comida, qué textura tiene, qué cantidad nos apetece realmente o cómo cambia nuestra sensación de saciedad.
No pretende establecer alimentos buenos y malos ni darte una lista cerrada de lo que puedes comer. El foco está más en cómo nos relacionamos con la comida.
Una forma sencilla de entender qué es el mindful eating es comparar dos situaciones bastante habituales:
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Comer en piloto automático |
Practicar mindful eating |
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Comer mirando el móvil |
Prestar atención al plato |
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Comer muy rápido |
Dar tiempo a saborear |
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Beber sin fijarte en qué estás tomando |
Percibir sabor, aroma y temperatura |
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Seguir comiendo por inercia |
Observar hambre y saciedad |
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Hacer varias cosas mientras comes |
Dedicar unos minutos a la comida |
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Juzgar constantemente lo que comes |
Observar la experiencia sin tanta culpa |
Creo que todos nos reconocemos en la columna de la izquierda alguna vez.
A mí también me pasa.
Precisamente por eso la alimentación consciente no debería convertirse en una nueva exigencia. La idea es ir recuperando atención poco a poco.
Mindfulness y alimentación consciente: cómo empezar
No necesitas preparar una mesa perfecta, apagar todas las luces ni dedicar una hora a cada comida.
El mindful eating puede empezar con pequeños cambios.
Elimina alguna distracción
No hace falta comer siempre en absoluto silencio, pero sí puede ayudarte dejar el móvil unos minutos o alejarte del ordenador.
Cuando estamos viendo vídeos, trabajando o respondiendo mensajes resulta mucho más difícil prestar atención a las señales que nos envía nuestro propio cuerpo.
Puedes empezar simplemente haciendo una comida al día sin pantalla.
Observa antes de empezar
Antes del primer bocado, dedica unos segundos a mirar qué tienes delante.
¿Cómo huele? ¿Qué colores hay? ¿Realmente tienes mucha hambre o simplemente ha llegado la hora habitual de comer?
Parece algo mínimo, pero esa pequeña pausa ya cambia bastante la experiencia.
Come un poco más despacio
No necesitas contar cuántas veces masticas cada bocado.
Simplemente intenta reducir un poco la velocidad. Apoyar los cubiertos entre algunos bocados, conversar o hacer pequeñas pausas puede ayudarte a prestar más atención a lo que estás comiendo.
El mindful eating funciona mejor cuando dejamos tiempo suficiente para percibir cómo cambia nuestra sensación de hambre a medida que avanza la comida.
Presta atención también a lo que bebes
Este punto me gusta especialmente porque normalmente hablamos de alimentación saludable y consciente pensando únicamente en el plato.
Pero también bebemos varias veces al día.
Agua, café, una infusión, un refresco o una kombucha forman parte de nuestra experiencia alimentaria. Y podemos tomarlos exactamente igual de rápido y distraídos que la comida.
Por eso una bebida puede convertirse en uno de los ejercicios más sencillos para empezar a practicar alimentación consciente.
La bebida también forma parte del mindful eating
Piensa en cuántas veces abres una bebida mientras haces otra cosa.
Te sientas delante del ordenador, das varios tragos y, cuando vuelves a mirar, prácticamente has terminado.
Con el mindful eating podemos hacer justo lo contrario: prestar atención durante unos minutos.
¿Cómo huele? ¿Está fría o templada? ¿Notas primero dulzor, acidez o amargor? ¿Cómo cambia el sabor después del primer trago? ¿Te gusta realmente o simplemente la has elegido por costumbre?
Aquí una bebida fermentada como Komvida da bastante juego porque tiene muchos matices: acidez, burbuja natural, aromas y sabores diferentes según cada variedad.
Y no necesitas convertirlo en una cata profesional.
Se trata simplemente de volver a probar aquello que normalmente consumimos casi sin darnos cuenta.
Kombucha de frutos rojos: un ejercicio sencillo de alimentación consciente
Una de las Komvidas que mejor utilizaría para practicar este ejercicio es nuestra kombucha de frutos rojos.
Berryvida combina fresa y arándanos con nuestra base de kombucha fermentada, así que permite prestar atención a diferentes sensaciones en un mismo trago.
Puedes probar algo tan sencillo como esto:
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mira primero el color de la bebida;
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acércala y percibe el aroma antes de probarla;
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da un primer trago sin hacer nada más;
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identifica la acidez y la burbuja;
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intenta reconocer los frutos rojos;
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espera unos segundos antes del siguiente trago.
Eso también es mindful eating.
No necesitas estar diez minutos analizando una botella. Basta con dedicar unos segundos a disfrutarla de verdad.
Además, este tipo de ejercicio tiene algo que me parece importante: devuelve el placer al centro de la alimentación consciente.
Mindfulness y alimentación consciente no deberían consistir en controlar obsesivamente lo que comemos. También consisten en disfrutarlo con más atención.

Alimentación consciente: hambre, saciedad y disfrute
Una de las partes centrales del mindful eating consiste en volver a reconocer nuestras propias señales.
En el día a día es muy fácil comer porque toca, porque estamos aburridos, porque hay comida delante o porque necesitamos una pausa del trabajo. Ninguna de estas situaciones nos convierte en personas que “comen mal”, pero ser conscientes de ellas puede ayudarnos a entender mejor nuestros hábitos.
Antes de comer podemos preguntarnos:
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¿tengo hambre física?
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¿cuánta hambre tengo?
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¿qué me apetece realmente?
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¿estoy comiendo porque necesito descansar?
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¿cómo quiero sentirme después?
Y durante la comida podemos volver a comprobar cómo nos encontramos.
No buscamos alcanzar una precisión perfecta. El objetivo es recuperar señales que muchas veces quedan enterradas bajo horarios, prisas y distracciones.
Una alimentación saludable y consciente puede incorporar perfectamente alimentos que disfrutamos. De hecho, si eliminamos completamente el disfrute probablemente sea mucho más difícil mantener cualquier hábito a largo plazo.
Un ejercicio de mindful eating para hacer hoy
Si quieres probarlo, elegiría algo muy sencillo.
En tu próxima comida, selecciona el primer bocado o el primer trago y dedícale toda tu atención.
Por ejemplo:
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Deja el móvil durante un minuto.
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Mira lo que vas a comer o beber.
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Percibe el aroma.
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Prueba una pequeña cantidad.
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Presta atención a la temperatura y la textura.
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Identifica los sabores que aparecen.
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Espera unos segundos antes de continuar.
Después puedes seguir comiendo normalmente.
No necesitas realizar este ejercicio durante todo el plato para empezar a practicar mindful eating. Un minuto consciente ya es mucho más que ninguno.
Y cuando lo repites, empiezas a descubrir algo curioso: muchas veces disfrutamos más cuando bajamos ligeramente la velocidad.
Los shots probióticos como parte de una rutina consciente
La alimentación consciente también puede aplicarse a esos pequeños hábitos que repetimos todos los días.
Por ejemplo, nuestros shots probióticos tienen un formato cómodo para incorporar a una rutina de mañana. En lugar de tomarlo deprisa mientras haces tres cosas a la vez, puedes convertirlo en un pequeño momento para empezar el día con algo más de atención.
Preparas el desayuno, coges tu shot, lo pruebas con calma y sigues con la mañana.
Puede parecer una diferencia mínima, pero precisamente ahí está la filosofía del mindful eating: no necesitamos transformar toda nuestra vida de golpe. Podemos empezar prestando más atención a cosas que ya hacemos.
Lo mismo ocurre con una Komvida durante la comida. Dejar la botella sobre la mesa, servirla, disfrutar de su sabor y hacer una pequeña pausa entre tragos convierte una acción cotidiana en un momento bastante diferente.
Cómo crear una rutina de alimentación saludable y consciente
Si quisiera empezar a practicar mindful eating de manera realista, no intentaría hacerlo todo perfecto desde mañana.
Empezaría con algunos hábitos fáciles:
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hacer al menos una comida al día sin mirar el móvil;
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sentarme siempre que sea posible para comer;
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dedicar unos segundos a observar la comida antes de empezar;
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reducir ligeramente la velocidad;
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prestar atención también a las bebidas;
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comprobar cómo cambia el hambre durante la comida;
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elegir alimentos y bebidas que realmente disfruto.
A mí me parece especialmente importante el último punto.
Comer con conciencia no significa comer de forma aburrida. Precisamente cuando prestamos más atención descubrimos mejor qué sabores nos gustan y qué productos disfrutamos de verdad.
Si Komvida forma parte de esos momentos, puedes preparar tu pack personalizado y elegir las variedades que más te gustan.
Tener en casa sabores que realmente disfrutas también facilita que el momento de beber deje de ser automático y se convierta en algo que esperas con ganas.
Errores habituales al empezar con mindful eating
El primero es querer hacerlo perfecto.
Si conviertes la alimentación consciente en otra lista de reglas, probablemente estés alejándote bastante de su propósito.
Tampoco hace falta eliminar todas las distracciones para siempre. Hay días en los que comerás viendo una serie y no pasa absolutamente nada. Lo interesante es que no sea la única manera en la que sabes comer.
Otro error es confundir mindful eating con comer poco. No son sinónimos. La práctica consiste en prestar atención al hambre y la saciedad, no en intentar limitar la cantidad a toda costa.
Y tampoco deberíamos utilizarla para juzgarnos constantemente. La atención plena busca observar antes que castigar.
Preguntas frecuentes sobre mindful eating
¿Qué es el mindful eating?
El mindful eating es una forma de alimentación consciente basada en prestar atención a la experiencia de comer: hambre, saciedad, sabores, aromas, texturas y emociones, reduciendo el piloto automático y las distracciones.
¿Cómo practicar mindful eating?
Puedes empezar eliminando alguna distracción, comiendo más despacio, observando tu hambre antes de empezar y prestando atención al sabor y la textura de los alimentos y bebidas.
¿Mindfulness y alimentación consciente son lo mismo?
El mindful eating aplica principios del mindfulness al momento de comer. La alimentación consciente es una forma habitual de traducir este concepto al español.
¿El mindful eating es una dieta?
No. No establece un menú concreto ni una lista de alimentos permitidos y prohibidos. Se centra principalmente en cómo comemos y en la atención que prestamos a nuestras propias señales.
¿Las bebidas también forman parte de la alimentación consciente?
Sí. Prestar atención al aroma, sabor, temperatura y sensaciones de aquello que bebemos es una forma sencilla de practicar mindful eating. Una bebida con distintos matices como la kombucha puede utilizarse perfectamente para este tipo de ejercicio.
¿Cómo empezar a comer con más conciencia?
Empieza con algo pequeño. Prueba a realizar una comida al día sin móvil o dedica el primer minuto a observar y saborear conscientemente lo que estás comiendo y bebiendo.
Mindful eating: volver a disfrutar de comer
El mindful eating no consiste en convertir cada comida en un ritual perfecto ni en seguir nuevas reglas sobre lo que podemos o no podemos comer.
Para mí, va justo en la dirección contraria.
Consiste en recuperar algo que las prisas nos han ido quitando: prestar atención.
Sentarnos, probar, saborear, reconocer cuándo tenemos hambre, observar cuándo estamos satisfechos y disfrutar conscientemente también de aquello que bebemos.
Una alimentación consciente puede empezar en un plato completo, pero también en algo tan sencillo como abrir una Berryvida, percibir su aroma, notar la burbuja y dedicar unos segundos a disfrutar realmente de lo que tienes delante.
Porque comer mejor no siempre significa añadir más reglas. A veces significa simplemente estar un poco más presentes mientras lo hacemos.